Una de las heridas del alma es la sensación permanente de inseguridad, la experiencia subjetiva de la incertidumbre que, de un modo discontinuo, aflora a su consciencia y le causa dolor. Quizá en el presente, la experiencia de la incertidumbre y del fluir es más visible que en otros tiempos. Todo lo que pensamos y decimos está sujeto a la incertidumbre.

En este taller, que se realizará en silencio, podrás experimentar que vivir es confiar y que nada ni nadie está a salvo del cambio, de la transformación, que la vida se da en cada instante y que todo se hace “viejo”